Sábado 09 de Junio de 2007

AL VUELO

Por el refresco de memoria que a menudo supone la lectura, de nuevo, por tal acción ejercida sobre una cita, he recordado algo así (que es de E. Kant) como lo siguiente: Es justamente por la fricción, por la resistencia que ofrece el aire, que la paloma puede elevar y mantener su vuelo. Justamente por tener esta condición, por estar de esta manera condicionada, por el aire y su resistencia, es que la libertad es posible y no por la ausencia de toda condición, como a menudo se ha soñado y a veces se ha pensado. Sin embargo, por redondear la cosa, si a la paloma le añadiéramos un peso, pongamos que una piedra colgada de la cerviz o donde fuera de su cuerpo, esa condición dificultaría o evitaría el vuelo de la ave, hasta llegar a anular su propia capacidad para alzarse

Busco como materializar el aire que a nosotres nos contiene. Por asociación, que no por argumentación, hallo que nuestro aire, el aire que nos hemos insuflado, es la cultura.

Cuanto tocamos y acojemos, humanizamos. Pero en este sentido: cojo una piedra y la humanizo, es decir, puedo hacer de ella un elemento para la construcción o para la agresión dañina, destructiva. Y tan propio del hombre es destruir como construir. Tan humano es una cosa como la otra.

La composición de la cultura, como la del aire, es variada. Hay elementos que oxigenan, que nutren nuestra sangre dándole una vitalidad con la que nos notamos capaces de andar de nuevo, que no es poco; o, diferente y aún mejor, andar por lo nuevo; o, para quien pueda, lo máximo ya: abrir nuevos caminos. Hay, por ejemplo, tradiciones que nos revitalizan; las hay, pero, que son aquella mismísima piedra colgada en el cuello, o una especie de estuche que aprisiona nuestro cerebro, no sea que nos crezcan ideas con raíz en los sentimientos y salgan, como flores, anhelos constructivos de nuevo cuño, o de cuño propio hecho hasta cierto punto a consciencia, aunque tal cuño desdiga las somnolientas corrientes de aire (dando siempre bandazos y poco más, las tales y puñeteras corrientes imperantes). Hay componentes ahora mismo (y me parece que miles y miles de años atrás, también, aunque en otras formas) que atizan lo más rastrero que en cierta medida cada cual llevamos consigo; que espolean, avivando el odio, potenciando la envidia; que están, algunos, para engordar y engordarse el putrefacto y purulento intestino de la corrupción. Aires también los hay que de ensordecedores que son, resulta imposible oir o decir la voz, el habla que dice. Hay incluso una ausencia de atmósfera, un vacio tal, que nos notamos a veces como en una campana a la cual se le ha practicado el vacío casi absoluto (y si tal cosa notamos, ya es mucho): por más que gesticulamos, nada decimos, nada nos llega.

Como lo de la piedra en la mano no era más que una escusa para decir, ahora la suelto según el natural sentido de la gravedad, la dejo dende estaba, en el camino. Ni para agredir, ni para construir, sinó que sólo para intentar decir, para ensayar, pues.

Dejado allí el rollo, entre yerbas y polvo; en pueblos, urbanizaciones, barrios y ciudades habrá quién luche, porque puede, predominantemente contra los elementos de ahí fuera (en una medida u otra cada cual lo hace); otros, porque notan que lo necesitan, haran al fin por revisar, sin columpiarse en el otro, sus intestinos, analizar su sangre envenenada por el odio, la envidia, la venganza recurrente (bien humanos y comunes que son, estos sentimietnos, ¿verdad? ¡y a veces tan acalladamente tenidos!); habrá quien empiece a tener en cuenta su poco yo, por tantas corrientes (y no todas meramente culturales) atemorizado o golpeado o ignorado o empequeñecido o embrutecido... Los habrá también que con un esfuerzo fuera de lo común (porque en el casi vacio es poco el oxígeno que queda, irrespirable es el ambiente) intentará romper, con todo su ser, la vacía campana de la incomunicación. Y los habrá que preferirán circular y más circular sobre sí y la nada; auque, eso sí, en compañía de no pocos.

Bien, tal vez, por la resistencia de unas palabras, por las condiciones que estas suponen para el querer decir, he podido realizar, en libertad, un vuelo sobre una de las panorámicas de la libertad.

(Para después de lo escrito, y lo leido (quien lo lea): Sugerencia de la casa, nada como oír algo que se alimente del aire y que revolotee por una de las músicas más libres y bien acondicionadas que existen. Flauta y el órgano de Joey De Frencesco. El tema: LITTLE B'S POEM)


Posted by Joan Martín at 15:11:56 | Permanent Link | Comments (0) |
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