Sábado 16 de Junio de 2007

SILENCIO

Poco que decir, en esta ocasión. Sólo ofrecer una invitación. Una invitación doble. Una para oir un par de elaborados sones; extraídos, uno, del lamento de cuanto vive, y añado yo que en condiciones brutalmente adversas; y el otro son hecho en honor a cuando se es incapaz de hacer daño. Uno, el primero, se titula, según traducción de un programa informático, Todo lo que vive se lamenta (Everything that lives laments). El otro es Inocencia (Innocence).

La otra cara de la invitación sea para la reflexión i la expresión de protesta hecha contra las acciones personales, las condiciones sociales y relacionales que provocan desatenciones, usos, abusos y brutales palizas a los niños, aún a los casi recién nacidos.

(Ambas piezas musicales estan interpretadas por los mismos músicos (Ulf Wakenius, Lars Danielsson i Morten Lund)
Posted by Joan Martín at 23:37:59 | Permanent Link | Comments (2) |

Sábado 09 de Junio de 2007

AL VUELO

Por el refresco de memoria que a menudo supone la lectura, de nuevo, por tal acción ejercida sobre una cita, he recordado algo así (que es de E. Kant) como lo siguiente: Es justamente por la fricción, por la resistencia que ofrece el aire, que la paloma puede elevar y mantener su vuelo. Justamente por tener esta condición, por estar de esta manera condicionada, por el aire y su resistencia, es que la libertad es posible y no por la ausencia de toda condición, como a menudo se ha soñado y a veces se ha pensado. Sin embargo, por redondear la cosa, si a la paloma le añadiéramos un peso, pongamos que una piedra colgada de la cerviz o donde fuera de su cuerpo, esa condición dificultaría o evitaría el vuelo de la ave, hasta llegar a anular su propia capacidad para alzarse

Busco como materializar el aire que a nosotres nos contiene. Por asociación, que no por argumentación, hallo que nuestro aire, el aire que nos hemos insuflado, es la cultura.

Cuanto tocamos y acojemos, humanizamos. Pero en este sentido: cojo una piedra y la humanizo, es decir, puedo hacer de ella un elemento para la construcción o para la agresión dañina, destructiva. Y tan propio del hombre es destruir como construir. Tan humano es una cosa como la otra.

La composición de la cultura, como la del aire, es variada. Hay elementos que oxigenan, que nutren nuestra sangre dándole una vitalidad con la que nos notamos capaces de andar de nuevo, que no es poco; o, diferente y aún mejor, andar por lo nuevo; o, para quien pueda, lo máximo ya: abrir nuevos caminos. Hay, por ejemplo, tradiciones que nos revitalizan; las hay, pero, que son aquella mismísima piedra colgada en el cuello, o una especie de estuche que aprisiona nuestro cerebro, no sea que nos crezcan ideas con raíz en los sentimientos y salgan, como flores, anhelos constructivos de nuevo cuño, o de cuño propio hecho hasta cierto punto a consciencia, aunque tal cuño desdiga las somnolientas corrientes de aire (dando siempre bandazos y poco más, las tales y puñeteras corrientes imperantes). Hay componentes ahora mismo (y me parece que miles y miles de años atrás, también, aunque en otras formas) que atizan lo más rastrero que en cierta medida cada cual llevamos consigo; que espolean, avivando el odio, potenciando la envidia; que están, algunos, para engordar y engordarse el putrefacto y purulento intestino de la corrupción. Aires también los hay que de ensordecedores que son, resulta imposible oir o decir la voz, el habla que dice. Hay incluso una ausencia de atmósfera, un vacio tal, que nos notamos a veces como en una campana a la cual se le ha practicado el vacío casi absoluto (y si tal cosa notamos, ya es mucho): por más que gesticulamos, nada decimos, nada nos llega.

Como lo de la piedra en la mano no era más que una escusa para decir, ahora la suelto según el natural sentido de la gravedad, la dejo dende estaba, en el camino. Ni para agredir, ni para construir, sinó que sólo para intentar decir, para ensayar, pues.

Dejado allí el rollo, entre yerbas y polvo; en pueblos, urbanizaciones, barrios y ciudades habrá quién luche, porque puede, predominantemente contra los elementos de ahí fuera (en una medida u otra cada cual lo hace); otros, porque notan que lo necesitan, haran al fin por revisar, sin columpiarse en el otro, sus intestinos, analizar su sangre envenenada por el odio, la envidia, la venganza recurrente (bien humanos y comunes que son, estos sentimietnos, ¿verdad? ¡y a veces tan acalladamente tenidos!); habrá quien empiece a tener en cuenta su poco yo, por tantas corrientes (y no todas meramente culturales) atemorizado o golpeado o ignorado o empequeñecido o embrutecido... Los habrá también que con un esfuerzo fuera de lo común (porque en el casi vacio es poco el oxígeno que queda, irrespirable es el ambiente) intentará romper, con todo su ser, la vacía campana de la incomunicación. Y los habrá que preferirán circular y más circular sobre sí y la nada; auque, eso sí, en compañía de no pocos.

Bien, tal vez, por la resistencia de unas palabras, por las condiciones que estas suponen para el querer decir, he podido realizar, en libertad, un vuelo sobre una de las panorámicas de la libertad.

(Para después de lo escrito, y lo leido (quien lo lea): Sugerencia de la casa, nada como oír algo que se alimente del aire y que revolotee por una de las músicas más libres y bien acondicionadas que existen. Flauta y el órgano de Joey De Frencesco. El tema: LITTLE B'S POEM)


Posted by Joan Martín at 15:11:56 | Permanent Link | Comments (0) |

Sábado 02 de Junio de 2007

ME SUENA QUE...

Soy consciente que ponerle palabras a las impresiones subjetivas se aleja de lo que se supone ha de ser eso de pensar (al menos a la manera occidental), y aún más lejos está, eso de aparejar impresión y palabra, de lo que es tener conocimiento relativamente cierto de la cosa que sea. Ponerle palabras a las impresiones está más cerca, según me parece, del canto: debe asemejarse a lo de ponerle letra a las melodías. Quizás (vaya usted a saber). Así que lo que ahora escribiré será más un sonar que un decir.

Tengo la impresión que en lugar de mirar por el retrovisor para mejor avanzar reduciendo riesgos, queremos volver al pasado, a aquel paraíso de normas, exigencias desconsideradas y desconcertantes, a los esfuerzos (para no pocos desmedidos en el momento de ser requeridos, tales esfuerzos; insalvables, los obstáculos a superar, puestos por el arbitrario aquí y ahora del docente de turno); volver, decía, a los méritos cuyo panorama de fondo son el elitismo, el prestigio rimbombante y huero, lugar común para oquedades (es decir preciosistas formas y amaneramientos sociales para quedar bien en todo momento y circunstancia); oquedades, decía, rellenas de materia y cachivaches inservibles, puros desperdicios de cosas y más cosas; merecidos, tales supuestos méritos, más por las cualidades que génetica, naturaleza o Dios (según gustos) ha dispensado (es decir, acudir otra vez aunque de otra manera a los antiguos privilegios de nacimiento) que méritos hechos propios por las superaciones o convivencias de no pocas dificultades que uno lleva incorporadas; sí, estas dificultades (por usar palabra suave) implicadas en el desarrollo de una persona, desde el año cero de su existir hasta alcanzar el mismísimo instante de su último aliento. Retorno al pasado de "esto lo haces porque lo digo yo y basta!!!!!! (donde: !!!!!!!, es un gritar de descarga de tensión y para nada una atención considerada y sabedora del chaval, es decir educativa; y no sólo una, la descarga, sinó que insoportable, para padres, hijos y educadores en general, la tensión; o donde: !!!!, son dos pares de hostias dadas a tiempo, como tanto vuelve a decirse, a falta, claro, de mejores recursos).

Hubo un tiempo de lenta gestación (germinó allà por el XVIII) en que los educadores cayeron explícitamente en la cuenta de que si de educar se trataba, el centro de atención debería ser conocer, saber del niño. Quién es el niño, quién és y cómo es, no ya el niño (así en abstracto, que también), sinó quién es este niño en concreto que está ahi delante de mí, ¿cuál su singular complejidad, sus cualidades, sus dificultades, sus luces y no pocas veces sus porfundísimas y dolientes, muy dolientes y silenciosas sombras...). El niño primero y no el lucimiento personal de conocimientos sin fin del maestro, o el libro de texto como único rasero por el que todo infante debe medirse, entre otras medidas: el más inteligente, el más listo, el más rápido, el más bueno en todo, el megabuenísimo en todo + informática...

Qué sereno, intensísimo y dilatado placer, el de escuchar una determinada música mientras llueve más allá y junto a los cristales.

Según categorías caseras, que quiero que sean las mías y para mis usos y costumbres particulares, si recogiéramos todas las lluvias caídas en únicamente dos aljibes, tendríamos el aljibe de la lluvia caída suavemente, con continuidad, con una cadencia casi regular y en prolongado tiempo de reparto; sí, ese llover que oportunamente empapa la tierra porque la quiere apta para la labor de ser. El otro aljibe sería el de las lluvias torrenciales, devastadoras, arrasadoras de la tierra y sus frutos (pero en mi fantasía, ya que estan en un aljibe, dificilmente contenidas, pero contenidas al fin y al cabo).

Una sería la lluvia de las reformas educativas hechas en profundidad (¿las ha habido, con largeza, alguna vez en la Ibérica península?) y la otra las hechas con los ojos vendados: esas miradas encubiertas que anhelan inadvertidamente el retorno del pasado, o la de imponer a espaldas del cotidiano buen hacer del docente (no digo que todo hacer docente sea bueno, ¡que va!, pero en buena medida, creo que sí); esas miradas de muy poca cabeza (es decir de cabezas siempre disyuntivas) que alternan en uno o en otro de estos dos rígidos esquemas: o retorno, o de espaldas a... Antes que mirar por el espejo retrovisor... y a la vez no perder de vista, claro, la carretara...

¿Con qué se encuetran esas buenas lluvias al caer al suelo? Con mentes ya excesicavamente impermeabilizadas (tal vez jamás fueron porosas) o con el "para eso no hay dinero": para desmasificar aulas (por poner un sólo ejemplo), con la consecuente intensificación del tiempo dedicado a los alumnos que esto comportaría; no, al contrario se incrementará la cantidad de niños por clase (lo dicho, el retorno del pasado). También me parece que abunda el espíritu ido, a la moda, pero de la siguiente manera: cualquier cosa nueva es negativamente sospechosa, así ni tan siquiera me dejo inquietar por ella y la considero (no hago por quitar ese alquitrán que va asfaltando partes de nuestro, el del maestro, querer descubrir y revisarse); mucho menos la pienso, la aplico y la hago propia, de verla yo conveniente. Así, que pase de largo todo lo nuevo, "como resulta que eso no será más que una moda..." y efectivamente, moda hacemos que así sea.

Mi impresión es que con bastante frecuencia, las reformas (el espíritu y no únicamente la letra de las mismas, que también) no pasan de la etapa de educación infantil; se quedan ahí y van evaporándose conforme aumentan los ciclos educativos. Y así se mantiene la sequía del ayer, de modo que no nos haría falta volver atrás. Eso también tenemos, ¿no pocas mentes educantes?

¿Cómo es que acabamos, tarde o temprano y en cierta proporción, yendo contra todo, en este caso contra los intentos de mejorar la educación, siendo que las reformas no han sido más que lluvias caidas en suelos poco dispuestos, o aguas caídas torrencialmente, pretendiendo arrasar con casi todo, sinó todo, lo anterior? (Y de ese balanceo no nos movemos, al parecer). ¿Contra qué vamos?

Así, con nuestras mentes asfaltadas y torrienciales lluvias que caen aproximandamente cada cuatro años o según cambio de dirección, los derrapes y accidentes docentes no son pocos; y se están acumulando en el vivo cementerio de autos, me parece a mí, no pocos herrajes lujosamente oxidados.

Mejor sería, en lugar de conducir marcha atrás o lo que es lo mismo de espaldas a la cotidiana calzada, mejor sería, digo, mirar por el reflexivo espejo del retrovisor sin efectuar gratuitos y peligrosos espaldarazos. Y de la misma manera que quien está al volante es el conductor que mira más significativamente lo que tiene por delante, de esta misma manera dejar y cojer (ambas cosa) el protagonismo del quehacer docente quien dia tras dia y de la mejor manera posible está con y al frente de tal y cual niño o niña, o de tal o cual grupo de niños; o participa, el tal, en reuniones que buscan al niño en su ser educable y no va correteando entre burocracia y lances cara a la galería.

Pero atención con la palabra "protagonismo" porqué de la educación, protagonistas lo somos todos. Así que cuidado con descargar (para cargar a otros, no puede ser de otra manera) responsabilidades adquiridas. O cargarme yo con responsabilidades que no me pertenecen a mí sinó que a otros.

 

 

 

(Tal vez convenga aclarar un poco el ánimo que deja este texto, al que me parece que he vertido algo de aditivo espesante, con la posterior escucha del tema en PARA ESCUCHAR de Django Bates (por lo de relajar el ánimo): You Live And Learn


Posted by Joan Martín at 21:18:05 | Permanent Link | Comments (0) |