ENTRE TANTO DE CUANTO HAY, ¿QUÉ? (I)
(LA ZARZA DE NUEVO)
Primer intento, fracasado, para llegar al río. De haber continuado caminando, tal vez lo hubiera conseguido. Sólo tal vez, porque llegado a aquellos dedos de pata de gallo en que se descompone el camino, ¿Hubiera cogido el camino de la izquierda, izquierda, o hubiera seguido recto, o hubiese optado por el dedo del medio (que no sé, entre gallinas y gallos, cómo le llamarán al tal dedo)?
Al día siguiente, y después de diversas indicaciones de estimados lugareños, el éxito que había de ser coronado con la llegada al río fue alcanzado. En este segundo intento ya fui advirtiendo los significativos cambios operados sobre el terreno. Avanzando, y algo más allá del depósito del agua, lo que quedaba del antiguo camino iba alejándose por la derecha de tal manera que ahora para pasar ladeando la Laguna Nueva había que dar, al dictado del nuevo y prensado camino, dos giros de 90 grados, uno hacia la derecha y el otro, tras unas cuantas pedaladas, a la izquierda. Y entonces sí, gracias a la doble y contrapuesta rectitud de tales ángulos, aparecían detalles que mi memoria iba reconociendo como indicadores de la correcta marcha hacia el río Uces; al cual llegué entre una cosa y la otra, es decir, entre detalles y atentas indicaciones vecinales.
De regreso al pueblo, el atisbo de unas consideraciones de carácter general concebidas meramente como posibles. Entre los cambios ocurridos de un tiempo a otro, entre las diferencias de una persona a otra; en fin, entre la diversidad de todo (que afortunadamente es tanta) tal vez sea el cúmulo de discretos e inadvertidos detalles que uno mismo puede disponer para nuevas configuraciones elaboradas interna y secretamente por la singularidad de cada cual, los que esbozan nuestra capacidad para orientarnos en un mundo tan cambiante como es el nuestro; bien sea (ese nuevo cuño de detalles) para desenmascarar los cambios que nos venden como tal, pero que en realidad no son más que espejismos vacíos con siempre lo mismo (es decir, tedio o rutina); o bien para seleccionar (de entre tanto cambio y diversidad) según lo que cada cual quiera por y para sí mismo; o, finalmente, sea la disposición de estos detalles (antiguos y a la vez inquietos por lo nuevo, distinto y diverso) los que hilvanen las relaciones de nuestra personal y singular diversidad interna (contradicciones, sombras y oscuridades incluidas). Y todo ello sin dejar de considerar oportunamente (es decir, cuando sea necesario) las señalizaciones de aquellos que conocen mejor que nosotros algún terreno, terreno que en un momento u otro nos convenga o nos veamos obligados a caminar sin saber muy bien por dónde ir.
¡Ah!, ¡y sobre todo!, -que me olvidaba- tal como tan distinto puede ser un detalle del otro, podamos, gracias a la riqueza (pero de detalles o de un solo detalle valioso), admitir y, llegado el caso, apreciar lo muy diferentes que podemos llegar a ser los seres humanos, entre la realización de nuestras posibilidades y el impedimento de nuestras limitaciones, sin que tales diferencias tengan que suponer, precisamente, motivos para el recíproco menosprecio (banalidad) o rechazo (xenofobia, envidia u odio).
Creo que lo último que he escrito responde (de manera coíncidente)a tu pregunta. Que antes de hacerla, no había caído en la cuenta. Esta vez he tirado más por el río, que espero que permanezca intocable, a no ser que sea para cuidar sus bellos rincones y construcciones. Así que será que me he buscado la vida en el río, en compensación por lo desaparecido.
Salutacions. (Comment this)