Viernes 24 de Agosto de 2007

DESDE LO ALTO DE UN TESO NO CERCADO (II)

Nada como ir de un sitio a otro. Aunque la distancia entre lugares sea de pocos quilómetros y el recorrido quede cubierto en poco tiempo, a pie o con cualquier medio nada o poco sofisticado. Nada como cambiar de vez en cuando de perspectiva, elevarse sin dejar de tocar, con los pies, la tierra. Es decir, ascender ni que sea por un teso y desde su modestísima cumbre pasar de los detalles para contemplar todo un panorama. Así pues si el otro día pretendía atender al posible valor de los detalles, hoy salto a ver qué me depara una cierta panorámica. De los árboles y su riquísima variedad de formas, podría decirse, paso a contemplar el bosque para ver qué encontramos vistas las cosas desde lo alto.

De un buen dominio sobre algo adquirido a base de ejercicio y tiempo le llamamos tener experiencia. Son comparativamente pocos los detalles que uno ha de considerar conscientemente en la realización de aquello en lo que se tiene habilidad (si acaso los oportunos y precisos pormenores). Vamos con relativa facilidad al grano. Oportunamente advertimos qué, y sobre todo cómo y cuándo, hemos de hacer para solventar cualquier dificultad perteneciente a nuestro ámbito de experiencia. Y una vez realizado el trabajo éste muestra tener toda la riqueza de detalles pertinentes, aún no habiendo sido necesario considerarlos todos y cada uno de ellos en el proceso de su realización.

La experiencia es un grado, decimos. Veamos si es posible rebajarle, a tal dicho, algunas décimas de tal grado. Muchos tenemos la experiencia de haber realizado adaptaciones (cursillos, o lo que el otro sabe me lo dice, o lo que sea) para seguir o progresar en el trabajo. Por ejemplo, frente a nueva maquinaria para laborar el campo... todo un nuevo aprendizaje, ¿no es cierto? Actualmente también ocurre a menudo que uno deba desempeñar muy distintos trabajos a lo largo de su vida. Uno puede pensar, con todo esto, que un exceso de cambios ocurridos en un corto plazo de tiempo puede producir una merma o una excesiva parcelación en la extensión de aquel más o menos amplio terreno llamado LA EXPERIENCIA DE CADA CUAL. O tal vez ocurra que adquirimos gran habilidad en adaptarnos a los cambios aunque sólo sea para subsistir.

En el teso que ahora me encuentro he de salvar, para descender, una cierta altura tal como necesariamente ha de hacerse si la ladera se encuentra sesgada por donde más interesa pasar. He de saltar. Saltar al más fértil de los terrenos, a ese terreno que es capaz de desarrollar el más exuberante de los cultivos y que puede decirse en singular: LA CULTURA. Y el terreno es, claro, EL HOMBRE. No podemos dejar de andar por este campo y me parece que justamente es aquí donde cabe rebajar el grado al decir que pretende exhibir tanta experiencia.

Intentaré explicarme. Todos, con el paso de los años y de muchas alegrías y decepciones, tenemos un cierto y a menudo buen conocimiento intuitivo de quienes son los demás, cercanos o no tan cercanos a nosotros e incluso para nada cercanos. Sin embargo es ahí, en nuestros diferentes tipos de relaciones, donde me ha parecido observar a veces que usamos el conocimiento de nuestra experiencia más como un cerco, a veces muy estrecho, que pretende impedir la entrada de consideraciones distintas, nuevas, también reales pero más favorables a lo que el otro sea. Más como esto, como un cerco protector, que como panorama de largo recorrido que invita a bajar a los detalles por mirar de percibir aquellos indicios de lo que posiblemente también pueda ser el otro (o llegar a ser) y que por ahora no habíamos advertido o que el otro no había mostrado.

Aquí, en este terreno, me parece que el conocimiento de nuestra experiencia, como mucho, sólo nos vale medio grado.

Creo que sin cavar mucho, en el subsuelo de lo aquí escrito confluyen las siguientes preguntas: en ésta gran parcela de nuestras relaciones, ¿Por qué vertiente andamos predominantemente? ¿Por los estrictos y a veces necesarios cercos que sólo juzgan al otro? ¿O por la ladera donde quedan orientadas las entradas por las que pueden circular detalles, tenues indicios, a veces, que punteen una mayor y más profunda comprensión (no mojigata) de lo que el otro sea o pueda llegar a ser?

Desde lo alto de este teso, pues, una panorámica que puede prescindir de muchos detalles: la labor realizada en el campo de nuestra experiencia. Al saber acumulado por nuestra experiencia le otorgamos un grado añadido al mero saber teórico o formal. Del conocimiento que puede darnos la experiencia hay una parcela, la de las relaciones humanas, cuyo saber es tan delicado como un arriesgado descenso por los montes. Entonces sí que hay que fijarse con detalle donde ponemos los pies, por ver si pisamos desproporcionadamente más sobre las resbaladizas arenas del juicio, que sobre las bien sujetas rocas de la abarcadora y más profunda comprensión del otro, cercano o muy alejado, incluso culturalmente.

 

Posted by Joan Martín at 11:01:22 | Permanent Link | Comments (1) |
Comentarios
1 - ¿Qué teso es ese, Joan, al que subes y ves tantas y tantas cosas y sientes esas emociones? Yo subo y no veo tanto , ni tengo tantas sensaciones; unas cuantas sí; pero tantas como tú, no. Menos mal que luego tú nos lo relatas y haces y nos haces partícipes de tus sensaciones. Gracias. Manolo (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2007/08/26 - 23:05:01
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